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¡Amigdalitis!

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La respuesta sale casi de forma natural: “¿tienes dificultades para tragar? Ok, entonces tienes amigdalitis”. Y, si bien este síntoma está presente en al menos un millón de males diferentes, en el 80% de los casos se trata, en efecto, de una amigdalitis (es decir, confía en tus instintos, pero más aún en los médicos).

Amigdalitis es el nombre con que se conoce a la inflamación de una amígdala palatina o ambas. Estas amígdalas están situadas en la pared lateral de la orofaringe a cada lado de la garganta y contienen las células que producen anticuerpos útiles en la lucha contra la infección.

“La función de las amígdalas consiste, básicamente, en colar los gérmenes nocivos o peligrosos para nuestro organismo antes de que éstos nos provoquen infecciones en la garganta (también en la boca o los senos paranasales). Normalmente, las amígdalas no presentan problemas para desarrollar su función pero, a veces, ciertas bacterias o virus se instalan en ellas y las infectan: cuando sucede ésto, desarrollamos un cuadro de amigdalitis.”

Existen diversos virus y bacterias capaces de generar un mal de este tipo. Algunos de los más importantes son la bacteria Estreptococo Betahemolítico del Grupo A (EBGA), comúnmente llamada “Streptococcus pyogenes”. Y, entre los virus, podemos mencionar el de la influenza, el Epstein-Barr, los parainfluenza, los enterovirus o el del herpes (simple).

Respecto de los síntomas más importantes que presenta la amigdalitis, es decir, los padecimientos mediante los cuales podemos descubrir si, en efecto, se trata de este mal u otro, debemos identificar especialmente los siguientes…

- Inflamación de las amígdalas (éstas se vuelven más rojas de lo habitual).

- Mal aliento

- Voz extraña o exageradamenta nasalizada.

- Fiebre

- Ganglios linfáticos del cuello inflamados

¿Cómo se trata la amigdalitis? De muchos modos: por ejemplo, si la amigdalitis está provocada por bacterias, el médico seguramente nos recetará antibióticos.
En cambio, si la amigdalitis es provocada por un virus, los antibióticos no surtirían efecto, por lo que el tratamiento será diferente. De hecho, en algunos casos, sobre todo en los niños pequeños, lo más oportuno es directamente extirpar las amígdalas.
Si no, existen otros consejos o remedios caseros como beber abundante líquido, comer mucha fruta, guardar reposo, hacer ejercicio (para transpirar aunque, luego, es preciso abrigarse rápido).
Como vemos, la amigdalitis no es un problema que debiera preocuparnos: la clave es trátalo a tiempo. De no ser así, en ese caso, sí podríamos vernos envueltos en una complicación mayor pues, si no se trata, a largo plazo puede producir infecciones generalizadas y amigdalitis permanente. Asique, ¡a cuidaros!.

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