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Aprendiendo a controlar la ira

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la ira

La ira, junto con la soberbia, la avaricia, la gula, la lujuria, la pereza y la envidia, es uno de los siete pecados capitales. De ella hablaremos hoy, de los seis restantes quién sabe cuándo (hoy nos da pereza).

Por supuesto, no haremos un análisis teológico, existencial o filosófico de la ira: nuestra tarea será más sencilla y útil al mismo tiempo. Proponemos tratar el tema de la ira como problema cotidiano y causante de muchos trastornos físicos (aunque parezca mentira, una buena porción de los males que sufren las personas en su organismo se deben a causas perfectamente controlables y no a patologías genéticas o a virus erráticos que viven en el aire).

La ira, a menudo, puede producir hipertensión o causar dolores de cabeza. Estos, obviamente, son los síntomas clásicos y, si bien no hay de qué asustarse, sí se debe realizar un seguimiento. ¿Por qué? Pues en casos extremos la ira puede llegar a causar un derrame cerebral o una trombosis de la coronaria (ataque al corazón). Es vital, entonces, no descuidar los síntomas leves; tratarse desde un costado ya sea clínico como psicológico. Recordemos que, a diario, la vida moderna pone a prueba todo nuestro sistema nervioso, pero está en nosotros aprender a convivir con ciertos males y, cuando la situación nos supera, es necesario saber recurrir a un profesional a tiempo.

Bien, continuando con el repaso acerca de los trastornos que causa el mal manejo de la ira, vale destacar que el sistema gastrointestinal es uno de los más afectados. La persona puede experimentar dificultades para tragar, náuseas o vómitos, úlceras gástricas, estreñimiento o diarrea.

El aparato respiratorio no se encuentra al margen de problemas: pueden presentarse inconvenientes como el asma. Por cierto, la ira reprimida es una de las principales causas de glaucoma, es decir, una neuropatía degenerativa de las fibras del nervio óptico.

También puede ocasionar problemas para dormir como el insomnio.

Por otra parte, en algunas personas la ira puede desembocar en una depresión, tal como revela el especialista Mortimer Ostow en su libro “The Psychology of Melancholy” (allí trata muchos otros temas relacionados a la ira, los nervios y la autodestrucción del hombre desde diferentes ángulos).

Sobre los métodos para controlar este desagradable sentimiento, en la mayoría de los casos no existen soluciones determinadas, recordemos cómo surge la ira, en dónde y de qué manera (“cada hombre es un universo”). Aún así existen técnicas para su manejo (hablamos de remedios caseros para controlar problemas leves, cotidianos; en el caso de notar síntomas más serios, por supuesto, se debe recurrir a un profesional).

En fin, para bajar nuestra ira ante los problemas cotidianos que nos envuelven podemos: contar hasta diez, realizar ejercicios físicos para gastar energía, comprar una de esas famosas bolas y apretarla con fuerza, intentar desviar la mente a lugar más placenteros, recurrir solo a medicamentos si el médico los recetó y, ante todo, recordar siempre, que todo problema tiene solución por terrible que sea.

Ahora que ya conoces todos los trastornos que puede traerte el mal manejo de ese pecado capital conocido como  “la ira” te proponemos un cambio: escoge la soberbia pues información te sobra como para pensar que “ya sabes todo sobre la ira”.
Y descuida: ya en otra ocasión te enseñaremos, también, a controlar la soberbia…

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