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Las uñas no fueron hechas para comerse

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Todo lo soberbio que hay sobre la tierra está conformado, en parte, por detalles minúsculos (casi como si te tratara de las moléculas que forman un elemento).

Veamos: son las pequeñas jugadas líricas o lujosas, las que vuelven un partido de fútbol apasionante; son los minúsculos condimentos, los que transforman una comida simple en un manjar; son las pinceladas, los trazos  que hacen de una pintura una obra de arte. eEn la salud, lo relacionado a la estética, son también diminutos cuidados los que hacen que una persona se encuentre bella y sana.

Está comprobado que ningún ser humano ha muerto por comerse las uñas pero, aún así, éste no deja de ser un hábito feo, vulgar, desagradable. Es por eso que, sin descuidar los problemas mayores, también debemos intentar solucionar este vicio.

La sorpresa sucede al intentar corregir este patrón pues ahí nos damos cuenta que el problema no era tan pequeño pues cuesta dejar de caer en esa práctica.

Comerse las uñas

El término “onicofagia” nos refiere a todo lo reacionado con “comerse las uñas”: es exactamente el nombre que se le da a la incapacidad que tienen algunas personas para dejar de hacerlo.

¿Por qué uno se come las uñas? Comerse las uñas es para muchos individuos una forma o método para aliviar la tensión o calmar el estrés. Básicamente, este hábito refleja una alteración en nuestro sistema nervioso -desajuste emocional- que puede abarcar desde casos leves y puntuales pero también casos crónicos y patológicos más granves.

Existen varias técnicas para dejar de comerse las uñas pero, dado el origen del problema, ninguno de ellas es “mágica”. Lo que se debería hacer es tratar el problema de raíz, es decir controlar el estrés. Para bajar los niveles de tensión podemos emplear soluciones como el yoga, reiki, la homeopatía o, incluso, acudir a un psicólogo.

También podemos, directamente, intentar alejar nuestra cabeza de los problemas practicando deportes, yendo al gimnasio, a correr o simplemente empleando el tiempo de forma constructiva (no desctructiva).

Otra solución no tan ortodoxa es reemplazar “nuestras uñas” por otro objeto como por ejemplo una planta medicinal (opciones: romero, tomillo, lavanda, clavo, etc.).

En fin, comerse las uñas es, como tantas otras prácticas o feos hábitos, una forma que tiene nuestro sistema de “pasarnos factura” y de advertirnos sobre la presión acumulada.
Es necesario escuchar esa llamada e intentar vivir la vida de forma relajada: no debemos olvidarnos que, a menudo, los problemas crecen más rápido que las uñas.

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