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Dar sangre es dar vida: donala

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Sobre los mitos ya hemos hablado largo y tendido. Hemos dicho, por ejemplo, que la salud y la medicina están repletas de “relatos tradicionales de dudosa procedencia que pueden ser reales, como no”. Pero de lo que no hemos tocado tema es de lo peligroso que pueden ser algunos de esos mitos.

Este caso puede servir de ejemplo: numerosas mentiras en torno a la donación de sangre han sido expandidas en el núcleo social generando un peligroso miedo en la gente a donar sangre.

Bien, el ser humano, a lo largo de la historia, ha logrado transformar determinados órganos en materiales que bien pueden construirse en un laboratorio pero, desgraciadamente, la sangre, como muchos otros elementos, no cuentan con esa posibilidad: no hay forma de reproducción artificial. Donar, entonces, es vital y, lo más importante, un acto totalmente sano para cualquier individuo. Es necesario hacer de esta práctica, un hábito.

Comencemos el análisis sobre algunas mentiras en torno a la donación.

Lo más importante es recordar que no se corren riesgos de padecer problemas de salud solo por donar una cantidad de sangre estandar. Efectivamente, cualquier persona, hombre o mujer, que tenga entre veinte y setenta años, pese más de cincuenta kilos y no padezca enfermedades que puedan ser transmitidas por la sangre ni haya tenido contacto sexual sin protección o use drogas, puede donar sangre. Y, quien dona sangre no corre  ningún tipo de riesgo: no hay manera de contraer enfermedades, ni de perder kilos ni nada parecido.

Otro mito importante para derribar tiene que ver con los bancos de sangre: es verdad que, al donar, estamos, generalmente, reabasteciendo las bases de los bancos. ¡Pero es una cuestión logica! Es obvio que la sangre se necesita de forma urgente y así se utiliza pero, es aún más razonable entonces, comprometernos a donar sangre para ir recuperando la sangre gastada (que puede ser utilizada para tu bien, para el mio, para el de él o para el de ella).

Por último está el tema institucional: la desconfianza hacia los centros de donación. Está fehacientemente comprobado que todas las instituciones españolas de este tipo cuentan con el material necesario (descartable) para llevar a cabo estas tareas. De hecho, quienes desconfien de la calidad de las herramientas deberían, siguiendo tal lógica, no acudir a los hospitales al estar enfermos. Es preciso confiar en los centros: nuestra ayuda es más necesaria de lo que pensamos.

Donar sangre, como ya se ha dicho, es un acto voluntario y nadie puede obligar a un individuo a hacerlo. Pero no por ello debemos cerrar los ojos, los oídos, archivar el tema y olvidarnos de que existen personas con necesidades (personas que, de hecho, podemos ser nosotros). Retomar el hábito de la donación de sangre es necesario, ¿a qué esperar para hacerlo? El único miedo que se debe tener es el de estar “del otro lado” pues, desde aquí, todos podemos ayudar.}

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