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Los ataques al hígado

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El título lo dice todo: los “ataques al hígado” no existen…pero que los hay, los hay.
Según especialistas el mito del ataque al hígado, en esos términos exactos, es falso. Escuchemos (o leamos) a un profesional de la medicina: “ajustándonos a definiciones puramente científicas, los denominados <<ataques de hígado>> no existen. Sí existen, en cambio, complicaciones dadas por una mala alimentación pero las mismas no solo ocurren en la región hepática sino que involucran también a otros órganos periféricos. De esta manera, la <<patada al hígado>> es más una sensación que una definición médica per se”.

Hablemos del hígado: éste es un órgano delicado en lo que se refiere a sus complejas funciones. Se encarga de metabolizar medicamentos y sustancias varias del tubo digestivo. La estructura del hígado es sumamente fuerte  pues es capaz, incluso, de funcionar correctamente a pesar de sufrir un daño importante como aquellos dados por enfermedades de la talla de la hepatitis o la cirrosis.

Lo que erróneamente llamamos “ataque o patada al hígado” es, entonces, nada más ni nada menos, que una asociación libre y colectiva dada por la combinación de malestares en una determinada región… junto con nuestros escasos conocimientos sobre medicina avanzada. Es común que, habitualmente, se confundan las enfermedades del hígado con las de la vesícula. Estas, por supuesto, son dos cosas diferentes ya que, mientras el hígado no se ve directamente influenciado por la cantidad y calidad de los alimentos que comemos, esto sí ocurre con la vesícula biliar (…trabaja para facilitar la digestión de las grasas por lo que, al forzar la vesícula producimos un cólico, es decir, dolor que muchos terminan por llamar “patada al hígado”).

Resumiendo: al comer tres huevos fritos de un golpe y sentir molestias, no deberíamos insultar al hígado sino a la vesícula (en realidad, deberíamos insultarnos a nosotros mismos por…¡comer tres huevos fritos de un atracón!).

Por otra parte, existen otros órganos implicados además de la vesícula. Esos son: el páncreas, el intestino y los riñones.

Lo más indicado para prevenir este tipo de malestares –sean generados por el órgano que sea- es llevar un dieta sana y, en el lógico caso de querer romper esa dieta al menos por un día, no darnos una panzada pues nuestro sistema puede no soportarlo. Así “los gustos” deben venir “en dosis”.

En fin, como vemos, el hígado no patea: en este caso, el “asno” siempre es el hombre.

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