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Los “¿por qué?” más comunes de la nutrición…

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Existen ciertas preguntas que, para el hombre corriente, resultan casi imposibles de resolver. Por suerte, en casi todos los sentidos de la vida, existen especialistas capaces de responder a esas incógnitas: incluso, en los casos en que esa duda no tiene solución (pero, claro, aun para decir “esa pregunta es imposible de resolver” hace falta estar capacitado). En lo que se refiere a nutrición también existen preguntas que generan más de un dolor de cabeza para las personas sin conocimiento profesional. Veamos cuáles, despejemos incógnitas.

“¿Por qué comemos cuando estamos aburridos?”

Está comprobado que el tiempo libre, los ratos de ocio, representan, a menudo, un problema para cierta clase de personas. Sí, efectivamente existen sujetos que no saben cómo emplear esos momentos y caen en lo que se denomina como aburrimiento. Bien, esta sensación se puede sosegar de diferentes formas: incluso comiendo. Así resulta que, en ocasiones, la comida aparece para aplacar esa amenaza del tiempo libre, del vacío, de la nada. Es necesario no confundir este comportamiento vicioso con otro similar dado por el estrés: quienes comen por nerviosismo, responden a otros factores totalmente diferentes (aunque los síntomas parezcan similares). Lo importante es resistirse a los efectos sedantes de la comida y emplearla, no como sistema de placer -en ocasiones es sano que así sea, pero solo en casos puntuales- sino como forma de calmar otras necesidades que no se relacionan con el aburrimiento.

“¿Por qué la dieta no me funciona?”

A pesar de la creencia popular, no todas las dietas son para todas las personas. Es decir, cualquier individuo puede experimentar, a gusto y manera, con el plan de nutrición que le parezca más adecuado por esto no es sinónimo de éxito ni mucho menos. Así sucede, entonces, que surgen, a diario, nuevas dietas con el objetivo de satisfacer la demanda de más y más personas. Expertos recomiendan escoger un plan de acuerdo a muchos factores: la cantidad de calorías en relación al peso y altura -no toda dieta de “dos mil calorías” nos va a garantizar un peso estable-, el valor de los alimentos y nuestra resistencia a ellos, la periodicidad del plan junto con nuestra determinación y otros puntos. En potencia, cualquier dieta puede ser aplicada a cualquier persona pero, aun así, no existen resultados garantizados ni mucho menos. En la nutrición, ese acto es singular y, por lo tanto, debemos escoger la mejor alternativa de acuerdo a los fundamentos de ese plan y nuestro propio perfil.