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¡Malditas quemaduras!

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Si efectuáramos una encuesta sobre las preferencias del hombre frente al hipotético caso de enfrentar su inevitable muerte, no quedan dudas de que la muerte por quemaduras sería la gran perdedora (un poco más atrás, el ahogo). No hay dudas: el dolor físico producido por una quemadura es el más terrible de todos, es incomparable, e inaguantable.

Es por eso que siempre debemos estar preparados para lidiar con una situación así: ¡no hablamos de morir quemados, no es necesario ir a tal extremo! pero sí de una lesión doméstica, de esas que tanto ocurren en el hogar.

Ante todo, debemos distinguir entre dos tipos de quemaduras: menores y mayores.

Las denominadas quemaduras menores son aquellas pequeñas -ocupan menos de tres pulgadas- entre las que también se pueden incluir las famosas quemaduras de primer grado (en ellas sólo se producen llagas en la capa más superficial de la piel). Por otra parte, aún dentro de ésta categorías de quemaduras menores, todavía se destacan las de segundo grado; en cuyos casos se quema la segunda capa de la piel, hay gran dolor, se ven ampollas y humedad.

En cuánto a las quemaduras mayores, ciertamente ingresamos en un territorio mucho más serio. Las quemaduras de tercer grado son lesiones en las se queman todas las capas de la piel: la misma pasa a lucir blancuzca, calcinada, firme cual cuero.

Más peligrosas aún son las de cuarto grado en donde, directamente, se quema el músculo. Vale mencionar, para no generar confusiones, que la franja entre las quemaduras de segundo grado pueden variar y, dependiendo el tipo, pueden ser tanto mayores como menores.

Bien, ahora vayamos a lo importante: ¿que tipo de primeros auxilios se deben efectuar ante las quemaduras? Ante todo, frente a esas quemaduras hogareñas, debemos enfriar la parte quemada, es decir colocarla bajo agua fría corriente. Bajo ningún punto se debe colocar hielo, solo agua fría. Minutos más tarde, es necesario cubrir la herida para así evitar infecciones; para ello debemos cubrirla con una gasa esterilizada o un trozo de tela limpia (no debes usar algodón pues se pega a la herida y la irrita).

Efectuados estos pasos, es tiempo de comenzar con todo lo referido a la cicatrización: colocar ungüento o lociones no es una gran idea pues la mayoría poseen productos químicos, en cambio, una buena solución sería valerse de elementos naturales tales como aloe vera para refrescar la piel.

Sobre el dolor: los medicamentos como aspirina, ibuprofeno o acetaminofén ayudan a aliviar el dolor y no producen efectos secundarios.

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