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La panza de una embarazada (bebé y comida)

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Los nueve meses que dura el embarazo -a veces más, a veces menos, generalmente son algo así como treinta y seis semanas- representan una época “extraña” para las madres. Y utilizamos esa justa palabra por la veriedad de significaciones que encierra: el embarazo es extraño, que es decir “raro”, que es decir “singular”, que es decir “sorprendente” (la única acepción que no sirve en este juego entre la relación de los términos extraño-embarazo es la de “anti-natural”: el embarazo es lo más natural del mundo).

Es justamente esa condición de “extraño” lo que hace que un embarazo sea un acontecimiento en el cual, las verdaderas protagonistas no son las madres sino las “dudas”: no solo las primerzas sino absolutamente todas las mujeres tienen incógnitas.

Y una de las consultas más populares entre las mujeres embarazadas tiene que ver con la alimentación: ¿qué debe comer y qué alimentos no debe consumir?.

Una de las condiciones fundamentales para mantener una dieta bien balanceada y proteger tanto la integridad del bebe como la de la madre, se basa en que ésta coma alimentos variados para incorporar así tanto proteínas, como minerales y vitaminas.

Los alimentos proteicos, que son las carnes, lácteos y huevos deben complementarse con los denominados alimentos energéticos tales como granos, el pan y sus derivados.

En el caso de que la futura mamá padezca de sobrepeso, ésta entonces deberá limitar el consumo especialmente de alimentos calóricos (dulces, azúcares y grasas). Y, en cambio, deberá mantener el equilibrio de su plan dietario incorporando  aún más proteínas las cuales, como dijimos, podrá obtener abriendo un yogur, tomando un vaso de leche, comiendo un trozo de queso  o cocinando algunos huevos (no fritos, claro).

“Durante el embarazo es verdad que las mujeres necesitan energía adicional. Pero se ha creado el mal hábito de pensar que, comiendo el doble, todo se logra y esto no es así. Se debe comer mejor y no comer más. O, en ciertos casos, comer más y mejor. Pero nunca se debe aumentar en demasía las grasas u otro grupo de alimentos potencialmente dañinos para el niño. Recordemos que todo afecta al niño por transmisión de la madre. Además un cuerpo embarazado sufre desequilibrios ante el menor desliz, por lo que se debe ser sumamente cuidadoso” dice un especialista de la salud que, vale remarcar el dato y no por cuestiones sexistas, es mujer: en este caso especial, entonces, se le cree el doble.

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